Psicoliderazgo - A Product Letter #23

  • Actualizado: 09 enero 2024
  • 6 minutos
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Cuando me preguntan qué aprender para mejorar en product management siempre digo lo mismo: aprende sobre psicología.

Puede parecer extraño. No lo es. Me explico.

Tenemos productos hechos por personas para solucionar problemas, necesidades y deseos de personas que benefician a personas.

Personas, personas, personas.

Ahora bien, cuando hablamos de las personas que están en el lado de clientes y usuarios es sencillo defender la necesidad de estudiar su mente. Necesitamos entender su problemática y estudiar su comportamiento para ofrecer mejores soluciones.

De igual forma, para profundizar en la necesidad de negocio y llegar al verdadero fondo de la cuestión, necesitamos comprender la mente de las personas de negocio y stakeholders. Además, nos ayuda a persuadir, vender y convencer con nuestras ideas, ¿no?

En cambio, ¿qué ocurre entonces con nuestro equipo de producto? ¿Crees que es necesario? ¿Crees que es tarea de otro tipo de perfiles más orientados a coaching?

Subamos de nivel: ¿Crees que lideras a tu equipo?

Liderar es como conducir, todo el mundo cree que lo hace bien y son las demás personas las que lo hacen mal.

Liderar es una acción, no una etiqueta. No te conviertes en líder, no eres líder, lideras.

Para poder liderar debemos trabajar en dos direcciones: hacia dentro y hacia fuera. Es decir, debemos trabajar el autoliderazgo desde el autoconocimiento, y también comprender a todas y cada una de las personas que componen tu equipo.

Para esto es necesario aprender sobre psicología.

No quiere decir que nos convirtamos en psicólogos y psicólogas, ni que vayamos a hacer terapia a las personas de nuestros equipos. Nada de eso. Las terapias las hacen profesionales. Se pagan.

Con aprender sobre psicología quiero decir que, entre todas las herramientas que metemos en nuestra mochila de conocimientos, disponer del área de la psicología nos ayudará a comprender a las personas de nuestro equipo, nos ayudará a liderar y a sacar su máximo potencial.

El liderazgo desde la psicología, o Psicoliderazgo, trata el conjunto de habilidades, herramientas y acciones necesarias para comprender a las personas de tu entorno de trabajo (sus problemas, necesidades y deseos) y conseguir desbloquear la motivación que les permita vivir el valor de la búsqueda de la excelencia mientras alcanzan los objetivos y visión de equipo.

Comprender no es entender.

Entender es captar el significado de algo, las palabras. Comprender es pasar esa información a través de tu experiencia, relacionarla con emociones y actuar en consecuencia.

Más allá de la comprensión, está la empatía, es decir, tratar de ponerte en la situación de otra persona aunque tus experiencias sean otras. Y en un nivel superior está la aceptología, pero por ahora no vamos a tocar este tema.

Veamos algunos conceptos sobre psicología que me parecen fundamentales a la hora de liderar personas.

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Sesgos y modelos mentales

Los sesgos cognitivos son procesos automáticos o distorsiones que se detonan en nuestra mente a la hora de tomar decisiones. Algunos de los sesgos más famosos son el de confirmación, el de sustitución, el de solución y el de disponibilidad.

Os animo a pasar por este artículo y a chequear este post de Linkedin de hace tiempo si queréis profundizar un poco más sobre los sesgos cognitivos.

Los modelos mentales, en cambio, son representaciones mentales que guían nuestro comportamiento, pero no necesariamente nos distorsionan o limitan. Usamos estas construcciones para entender y explicar el mundo que nos rodea.

Se forman a través de nuestras experiencias, creencias, conocimientos y suposiciones subyacentes. Pueden ser conscientes o inconscientes y pueden influir en cómo percibimos, interpretamos y respondemos a la información y las situaciones.

Algunos ejemplos son el modelo de causa y efecto, modelo mental de escasez, de crecimiento, de victimismo... Más sobre modelos mentales en el podcast Kaizen de Jaime Rodríguez de Santiago.

Resulta que tomaste una mala decisión y no sabes porqué. Una persona de tu equipo tiene opiniones que influyen en el resto y no sabes porqué. Aprender sobre sesgos cognitivos y modelos mentales te ayudará tanto a tomar mejores decisiones como a entender el comportamiento de las personas de tu equipo. Te ayudará a motivar, desbloquear situaciones y a liderar.

El pensamiento negativo

La eterna lucha entre optimismo y pesimismo. Una guerra oculta sin bando ganador.

Hasta el punto que la psicología positiva se malinterpreta como el Mr. Wonderful de las ramas o perspectivas psicológicas.

En nuestro caso, identificar en el equipo a personas con tendencia al pensamiento negativo nos puede ayudar a explotar el valor que aportan, por ejemplo, identificando riesgos.

No confundamos pensamiento negativo con toxicidad.

Las relaciones tóxicas son aquellas en las que existe un patrón destructivo, poco saludable, de interacción entre las personas involucradas, mientras que el pensamiento negativo es un modelo mental en el que elegimos un tipo de actitud, ya sea de forma consciente o inconsciente.

No, no existen personas tóxicas, existen relaciones tóxicas.

Cuando venga a tu mente la expresión “es una persona tóxica” pregúntate: este comportamiento, ¿es con todo el mundo o sólo conmigo? ¿Quizá sólo con las personas del equipo? ¿Se relaciona así también con su familia, amigos, personas cercanas a las que ama?

Tampoco confundamos el pensamiento negativo con la visualización negativa de la filosofía estoica.

La visualización negativa es un ejercicio mental para cultivar la resiliencia y la apreciación de la vida imaginando y reflexionando sobre posibles eventos negativos, adversidades o pérdidas que podrían ocurrir en nuestra vida.

Volvamos al pensamiento negativo. ¿Nace o se hace? Es cierto que existe cierta predisposición genética aunque gran parte proviene del entorno.

Existen trastornos o enfermedades que acentúan este tipo de pensamiento, como son la depresión o el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG).

Si en una persona de nuestro equipo detectamos la tríada cognitiva: visión negativa del mundo, visión negativa de uno mismo y visión negativa del futuro, ¡alerta! Es probable que la persona navegue hacia la depresión y necesite ayuda.

Las personas con TAG, en cambio, suelen vivir constantemente preocupadas por cosas que casi nunca llegan a suceder. Según palabras de Marian Rojas Estapé:

El 90% de las cosas que nos preocupan nunca jamás suceden, pero nuestro cuerpo y nuestra mente lo viven como si fueran reales.

Preocuparse por el futuro es ocuparse con antelación de algo que no ha ocurrido. Prevenir, es sano, vivir en la prevención constante nos paraliza.

Aunque no todas las personas con pensamiento negativo tienen trastornos.

En ocasiones se considera el pensamiento negativo como una forma de pensamiento más inteligente que el optimismo.

Malinterpretamos como optimismo aquello que es inocente, infantil y manipulable. En palabras de Schopenhauer: “Un pesimista es un optimista en pleno conocimiento de los hechos”.

Por otro lado, una forma pesimista de ver el mundo está relacionada con el miedo: a ser engañados, a cometer errores, a ser defraudados (piensa mal y acertarás).

Las personas que convierten la desconfianza y la actitud defensiva en su forma de vida, eligen ver el mundo como hostil y amenazante con la esperanza de no dar ningún paso en falso o quedar en ridículo.

En definitiva no deja de ser una actitud de supervivencia, pero a qué precio.

Para ti y para tu equipo, es importante comprender que el pensamiento negativo es un tipo de actitud que tomas, y como actitud tú la eliges.

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Metáfora de las palomas

Imagina que hoy ha sido un día espléndido.

Son las seis de la tarde y no tienes obligaciones pendientes.

Te apetece bajar al parque frente a tu casa a leer tu libro favorito, de producto, obviamente.

Planazo.

Temperatura perfecta, sol de media tarde, brisa suave y algunas palomas que van revoloteando de aquí para allá.

Se te ocurre dar de comer a algunas de las palomas que tienes alrededor y conforme les das algunas migas de pan se van acercando más y más palomas.

Te quedas sin pan así que paras y quieres seguir leyendo tranquilamente tu libro.

Es tu plan.

Pero las palomas tienen un plan diferente.

No dejan de revolotear a tu alrededor. Se te ponen encima, meten el pico en tu mochila buscando más pan, levantan polvo, hacen ruido…

La cosa se pone tensa.

Todo el buen rollo y la armonía han desaparecido y no te queda otra que cerrar el libro y marcharte.

Nuestros pensamientos negativos funcionan igual que las palomas.

Cuando llegas al parque las palomas están ahí, a su rollo, a sus cosas de palomas sin interferir para nada en tu vida, pero estaban ahí. Tú las ves, sabes que están ahí, pero ni te condicionan ni te limitan, simplemente las ves y eres consciente de su presencia. Pero llega un momento en el que cometes un error: decides alimentarlas.

Esa acción sin importancia, que incluso parecía buena idea, tiene consecuencias terribles porque las palomas dejan de ser parte del fondo y pasan a tener un protagonismo nada agradable. Y cuando quieres que vuelvan a un segundo plano se antoja imposible.

Lo mismo ocurre con los pensamientos negativos.

Están ahí constantemente: no vas a poder; te saldrá mal; eres una farsa, etc.

La mayoría de las personas conseguimos ignorar esos pensamientos.

Ignorarlos es la mejor estrategia para evitar que condicionen nuestra vida, pero no podemos evitar alimentarlos.

Luchamos contra ellos, sin embargo cuanto más luchamos, cuanta más atención, más protagonismo les damos, más los alimentamos y más nos invaden.

¿En qué momento alimentamos esos pensamientos negativos?

  • Cuando no aceptamos las cosas que nos pasan.
  • Cuando nos angustiamos por el futuro.
  • Cuando nos preocupamos por la opinión de los demás y estas opiniones nos condicionan.
  • Cuando nos dejamos llevar por nuestros miedos y evitamos enfrentamientos.
  • Cuando somos catastrofistas y pensamos que siempre todo va a salir mal.
  • Cuando vemos las cosas en binario, en blanco y negro, en sale-bien o sale-mal.
  • Cuando generalizamos en exceso y pensamos que aquello que ha ocurrido en una situación concreta se puede aplicar a cualquier situación.
  • O cuando adoptamos ese papel de víctima.

Dejar de alimentar esos pensamientos negativos es sólo el primer paso. Avanzar a pesar de esos pensamientos es el siguiente paso.

Vale, pero ¿cómo puedo aprovechar este conocimiento sobre pensamiento negativo para liderar a mi equipo?

Te ayudará a identificar patrones de pensamiento limitantes que pueden afectar el rendimiento de tu equipo.

Podrás fomentar una mentalidad de crecimiento en tu equipo donde vean los desafíos como oportunidades de aprendizaje y crecimiento en lugar de obstáculos insuperables, trabajando estrategias como el reframing (reinterpretación), el reencuadre cognitivo y la búsqueda de soluciones mediante el análisis de escenarios.

Al comprender el pensamiento negativo, abres tu mente a las preocupaciones y desafíos que puedan surgir en tu equipo y te permite mejorar el clima ofreciendo un ambiente de apoyo y motivación donde las personas se sientan escuchadas, comprendidas, y enfocadas de forma positiva en los objetivos.

¿Quién no firmaría por tener un equipo motivado y enfocado?

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